lunes, 27 de julio de 2020

Todos tenemos un platónico

Sabía que estabas, llegué y te fuiste. Como de costumbre. Sé que te incomodo. Que te provoco nervios. Es muy lindo. Me divierte, me gusta cómo me no-mirás. Es hermoso verte trastabillar. Vos, el más inteligente, de pronto cuando llego yo, no parás de hablar pavadas. No dejo de pensar en aquella noche que nos tocó compartir el asiento trasero de un taxi. Cada vez que te veo recuerdo eso porque me encanta y no lo quiero olvidar jamás. Nunca imaginé algo así, y de pronto, ahí estábamos, en ese espacio con mampara, viajando por la rambla, sentados, pegados, y me mirabas. Y yo pensaba "No va a ser capaz. Esto es un divague, no está pasando" Y pasó. Lo recuerdo y se me pinta una sonrisa gigante en la cara. Estaba muy borracha y bajé de ese auto a las carcajadas por la situación, sin parar de reírme en el ascensor ni aún habiendo entrado a mi casa. No te dije para venirte conmigo porque no me animé. Porque las consecuencias podían ser gigantes.Y porque con ese beso me alcanzaba para guardarlo siempre en mi cajoncito de cosas raras y bellas que nos deja la vida.

jueves, 26 de diciembre de 2019

Lo vivimos diferente

No puedo creer que no me extrañes
Yo tampoco
Yo extraño pila de cosas de nosotros. Las charlas, tu mirada sobre la vida, sobre el arte, tu sabiduría y calma para cada reflexión, no sé, mil cosas.
...

Vos no?
Estoy mejor así. Me siento más liviana, sin presiones, sin carga emocional ajena.
Yo era una carga?
Muchísimo. No porque vos lo fueras sino porque yo lo vivía así. Es un problema mío que debo resolver para próximas experiencias.
Me cuesta mucho imaginarte con alguien. Me dan ganas de matar a todos
Qué ridículo, yo te veo permanentemente con alguien
Pero es diferente
Por?
No sé, yo que sé, sabés quien es.
Y bueno, vos elegiste eso. Yo no. No podría, no quiero, me sigue pareciendo muy pronto.
Lo vivimos diferente
Si
Para mi no tiene nada que ver una cosa con la otra. Puedo separar. El duelo, y lo nuevo.
Yo no porque no tengo espacio mental limpio. Hasta que eso no pase, y no deje de odiarte, no voy a estar pronta para recibir seres nuevos. Solo amigos, con derechos, o personas que me gustan, y entonces comparto cosas. Pero nada de relaciones emocionales con implicancias profundas. En realidad no es eso. La profundidad no es el problema si no el compromiso. No puedo comprometerme a sostener a otro. A las exigencias de un vínculo de pareja No quiero. No puedo. No me parece sano volver a meterme en algo así. Quedé agotada.
Está bien. Lo vivimos diferente.
Si.

martes, 12 de marzo de 2019

Ay

La grieta, lo poroso, el fracaso.
La cicatriz, lo áspero, el accidente.
Es ahí.

La atención se detiene, afila, crece.
Quiere quedarse.

Si va a haber amor, será donde haya escombro.

Aburridísima la perfección
políticamente bonita.

Tatuajes por la mitad
a causa de no llegar al precio.
Pedidos de
"pasame mis ojos
que sin lentes
soy un hombre ciego".

Me enamoro al instante
de lo frágil y particular,
lo que nunca va a estar de moda,
el detalle antihéroe.

Ay con las actuaciones para un sólo espectador.
Ay cuando descubro que soy yo esa a quien le quieren mostrar.
Ay.
Me tendrán ahí pues
todita
e irremediablemente
entregada.

sábado, 9 de febrero de 2019

Odontólogo (Ciclo adicciones)


Viernes, 1 de la mañana.

Situación: Sólo, living, tele, PlayStation, música al mango y computadora. Hablé media hora por teléfono con Andrea en este estado mentiroso, que es la única forma en la que podemos hablar. No, error, es la única manera en la que puedo escuchar. Dice que me da la chance, que si freno vuelve. Que me ama. Sí, dice que me ama. Que tengo que dejar de decir y ponerme a hacer. No puedo creer que voy a terminar yendo al loquero. Pero es la única que le veo. No puedo hablar con nadie, nadie me entiende, ni yo mismo.
(Mira su latita. Es de esas chatas, como de cigarrillos)
 Mañana. Mañana empiezo de nuevo bien. Mañana voy a ser otro. (Abre la lata. La cierra)

Sábado, 2 de la mañana

Situación: Sólo, separado, la cabeza a mil por hora, escuchando Buitres y a punto de perder todo lo poco que logré. En qué estoy pensando? Ni idea. Esto era la vida? Esto era el futuro? Qué estoy haciendo? Cómo llegué acá? Yo! Justo yo! Que soy más inteligente que cualquiera, que le doy mil vueltas a todos, que tenía tanto al alcance de la mano! Cómo me siento tan derrotado?  La cabeza que no frena, no para nunca, y el pecho, acá, me quema, no aguanto.  Cuándo empecé a sentir tanto?, Si yo no tengo sentimientos, yo soy racional papá! Me desconozco. Pah, qué temaso!
(Suena un pedacito de la versión de buitres, del tema “El instrumento”, del  Darno. Canta, baila, toca su batería imaginaria). “Conocerse claro está que necesita su tiempo… con años que albañilean y años de derrumbamiento!”
(Corte abrupto de la música)

Lunes, 9 de la noche.

Situación: Llamé a Andrea y no me atendió. Me descontrolé, rompí todo. Hasta un ajedrez y mi póster de Pulp Fiction. Después caí destruido…dormí 2 días al hilo. Hoy no atendí pacientes, seguramente fueron, tocaron timbre, nadie les abrió. Encajo la del  viaje. Congresos, conferencias, vuelos atrasados, modo avión sin señal para poder avisar, toda la mano. Funciona, me creen, pero son cada vez menos. Se han ido yendo. Como todos. Pensar que era el mejor de la generación. Y lo soy. Lo fui. Bueno no sé.
Hoy estoy en la misma de siempre pero más controlado (que no quiere decir tranquilo. Tranquilo nunca). Parece que dormir ayuda. Pasa que no puedo. Sólo cuando caigo desmayado, sin pensarlo.
Le mandé mensaje a Andrea. Dice así: (Lee el celular) “Me pregunto, ¿cómo me aguantaste tanto? Si no me aguanto ni yo! ¿Por qué? Sinceramente te pregunto ¿por qué? Perdoname. Fue sin maldad. Pienso las demencias que te mostré. No tenías por qué ver eso nunca. Perdón. Sabé que cuando este arriba de nuevo, podés contar conmigo sin importar nada, ni lo que hagas, ni lo que digan. Voy a estar siempre. Nunca vas a estar sola. Estas en mi corazón grabada a fuego. Perdoname.

Martes 11 de la mañana:

Situación: Sol. Lentes negros, auto, rambla, café, Llego. Gerardo, padre de familia, sentado en mi consultorio, logra hablar aunque tenga el espejo metido en la boca. “Qué bien Peñarol, de locos, la inseguridad, primavera mentirosa que nos tiene con frío, los nenes bien? Carísimas las vacaciones en Cancún, claro, sumado al criadero donde dejan al perro, la suegra con presión alta” Bueno; nada duro por dos horas y luego vida normal. Adiós. Por fin. No aguanto, suspendo los siguientes, necesito la tarde.
Andrea nunca me respondió el mensaje. Pero está en línea. Perra.
Ahora, bajón. En casa, escuchando música nostálgica. (Canta): “18 de Julio… por cuántos sueños, me viste vagar…”  Achiqué el alcohol. Menos locura de romper todo.
Quiero hacerme una paja, bajar y dormir. Esto es para ella. Me respondió. Miedo. Ahí vamos, con calma. Le empiezo a escribir mientras la escucho: (Se escucha audio de Andrea): “No es un tema de perdonar, es un tema de no soportar. No te creo, no veo cambios, no hay nada, es siempre lo mismo una y otra vez. No puedo más. Me estoy cansando. O capaz ya me cansé”.
Y yo acá …con mi caballito que se acaba.
(Suena música, los redondos. Ojos cerrados, Canta, baila, gira) “Ella es bailarina, en la caja musical… él es el peligro, ladrón de mi cerebro…”)

Miércoles 10 de la mañana:

Situación: Sólo, en el consultorio. Fresco, bañado, hasta perfumado atiendo hoy. Anoche hice un pacto. Conmigo mismo y con Andrea. Tiré todo. Quedó la casa limpia, sin rastros. Ella todavía no lo sabe, no quiero que crea que es hablar por hablar. Voy a dejar pasar unos días y se lo voy a demostrar. Saqué hora. Psiquiatra y psicólogo. Manicomio completo. Urgente pedí. Voy mañana al salir de acá. Hoy desayuné Tostadas Queso Mermelada. Me siento bien, Fuerte. Puedo con esto. No me va a vencer. No la voy a perder. Sólo necesita ver quien soy de verdad. Le dejé un mensaje de buenos días, con voz de calma.
Primer paciente: gol. Segundo: éxito, tercera: pamba! divina, Carla, la alegría de vivir. Yo le sonrío también, (intento). Voy bárbaro, tres al hilo, así, sin interrupciones. Cuarto, un niño.. Me habla gritando, como si yo fuera sordo, me taladra la mente contándome que siempre es el que hace los goles en el recreo, no para de moverse. Café necesito. Me debería pedir algo para almorzar. Fresco, sano. Puedo. Yo puedo.
(Mira el celular, no hay nada)
Empieza la tanda de la tarde, al final no comí nada. Me suda la frente y empiezo a sentir que el corazón se acelera. Falta poco, tres y afuera. Necesito aire, bajo por las escaleras corriendo los seis pisos, salgo a la vereda, respiro, vuelvo trepando escalones de tres en tres, tengo ganas de llorar. Dejé a Gerardo sentado hablando de la paraguaya que le cuida a los críos, entro al baño, me mojo la cara, tengo ganas de darle piñas al espejo y patadas a Gerardo y a todo el aparato de las radiografías. Me aguanto, lo despido, agarro las llaves del auto y me voy. Mensaje a los otros dos pacientes, que me disculpen, surgió un imprevisto de fuerza mayor. Llego a casa; en dos horas tengo a los médicos. Puedo aguantar. No. Hoy es la última. Sacarme las ganas si total voy a estar controlado. La despedida.

Jueves, cuatro y media de la mañana:
Situación: Hace años que estoy por empezar a escribir una especie de diario con todo lo que me pasa, pero nunca lo hago. El otro día veía un documental sobre un granjero yankee que aprovechaba su vida desgraciada pasándola a papel y se hacía famoso. Y pensé, por qué no? Me descargo, lo junto todo y lo comparto con otros que se sientan como yo.
No fui. A los médicos.
No sé si últimamente soy cagón o siempre lo fui y recién me estoy dando cuenta, asumiéndolo, tomando conciencia; supongo que fue siempre. Me refiero a la toma de decisiones. Qué te gusta hacer con tu vida? Cómo alguien puede saber eso a los dieciséis años? Tomar una opción para siempre? Lo mismo, con quién querés compartir tu vida?, despertarte todos los días? Todos los días de tu vida? No será mucho señores? Todo esto te marca para siempre, y si te equivocás, tenés a tu familia ahí merodeando, opinando, juzgando, entonces no sé qué es peor, si la suma de malas opciones chiquitas, o una grande, la de probar algo que te ayude a sobrellevar todas las demás y que después no la puedas dejar con nada, por ejemplo.



Viernes 1 de la mañana. 

Situación: Sólo, living, tele, PlayStation, música al mango y computadora. Hablé media hora por teléfono con Andrea en este estado mentiroso, que es la única forma en la que podemos hablar. No, error, es la única manera en la que puedo escuchar. Dice que me da la chance, que si freno vuelve. Que me ama. Sí, dice que me ama. Que tengo que dejar de decir y ponerme a hacer. No puedo creer que voy a terminar yendo al loquero. Pero es la única que le veo. No puedo hablar con nadie, nadie me entiende, ni yo mismo.
Pero no, llegado el momento no voy. Y esto, se repite, cíclicamente durante mucho tiempo, en el que le miento y me miento, a ella y a todos, que me creen, y me dan la chance, infinidad de veces, hasta que un día, finalmente, ella y tantos otros,  me logran erradicar de sus vidas.
Cuando creo que toqué fondo por completo, se abre una puerta que me entusiasma: me proponen editar esta historia, tal vez a alguien le puede servir leerla dicen, y empiezan las reuniones. Está bueno, tengo una motivación, un proyecto, me puede salvar, me entro a copar, escribo mi diario sin frenos ni tapujos, abro mi alma y la desgarro sobre el papel. Pero entonces, el tipo que la quiere publicar me empieza a joder con cambiar palabras y modificar cosas, me recontra caliento, lo mando a la concha de la lora, rompo todos estos manuscritos de mierda, y acá estoy…  Ahora sí…sin nada de nada. Y es así, que me doy cuenta de que sólo tengo dos caminos. Llegó el momento ahora sí, de  la mayor decisión de mi vida. Tengo que elegir. Matarme. O entregarme y dejarme ayudar.
(El actor queda mirando al público a los ojos, mientras suena de nuevo “el instrumento”, estrofa final “Y de pronto se borraron la mujer el vino el fuego, que sostenían la carne el temple del instrumento. Y en un cantor de boliche reconocí el ejemplo. Ya perdí mi compañera, desatame de este enredo, ya perdí mi compañera, desatame de este enredo”)


viernes, 8 de febrero de 2019

Cita Urbana (Ciclo Teatro breve)


2 Personajes. Un chico y una chica.

Un colectivo.
El chofer, al volante.
Sube una pasajera.
Es la única, está todo vacío.
Ella entra, le paga, no lo mira ni le habla, recorre con la mirada el coche vacío, se sienta lo más  lejos posible.
Silencio.
Él pone una música. Empieza a moverse como bailando mientras maneja, está feliz.
Ella se fastidia, mira su celular, intenta escuchar un audio, no puede por el volumen de la música. Le habla desde el fondo:

ELLA:  - Podría bajar un poquito? La musiquita?

-          Ey,

-          Pibe…

-           señor…

-          muchacho…

(El chofer no la escucha, ella grita)

-          Maestro!

CHOFER: (Asustado) Si, qué pasó!?

ELLA: - Si puede bajar un poco la música!

CHOFER: - No entiendo!

No se escuchan. Ella le hace señas como de bajar el volumen. Al final se levanta y va hasta él.

ELLA: - Si podría bajar un poquito que necesito escuchar algo en el teléfono

CHOFER: - Ah, sí perdón, cómo no.

Ella se sienta más cerca que donde estaba antes.

-          ELLA: - No vio si se subió alguien en las últimas paradas?
-           
-          CHOFER: - Si, vi, claro, es mi trabajo, además de manejar. Ir vichando quiénes suben…
-           
-          ELLA: - Y?
-           
-          CHOFER: - Y qué?
-           
-          ELLA: - Quién se subió?
-           
-          CHOFER: - Ah, no sé, así tan específico, tanto no sé, no pregunto, se subió un montón de gente.
-           
-          ELLA: - Y dónde están?
-           
-          CHOFER:  - Y bueno…  se fueron bajando.
-           
-          ELLA: - Sí, claro lógico, quién va a andar a esta hora arriba de un ómnibus por acá…

-          CHOFER: - Yo…


Silencio

Ella mira por la ventana

Se levanta, se sienta, se vuelve a levantar, se le acerca.

Se sienta más cerca. Llora un poco. Él la ve

CHOFER: - Disculpe, se siente bien?

ELLA: - (Gritándole) No me trate de usted!

CHOFER: (Se asusta) Ah no no si, disculpá, pasa que como vos me estabas diciendo a mí así yo creí que…

Ella llora

CHOFER: - Todo bien?

ELLA: - (Mientras sigue llorando) Si. Todo hermoso realmente.

CHOFER: - Ahí va…

ELLA: - Yo soy una tarada. Una imbécil, una retardada, no tengo remedio.
              CHOFER: - Eh.. (Él quiere responderle algo pero no tiene idea de por dónde empezar. La    mira. Es preciosa)
-          (Dudando si hablar o no) Si te puedo ayudar en algo…
             ELLA: - No! No hay ayuda posible. Tengo que aprender. Frenar, respirar, mirarme para adentro, encontrarme conmigo misma y todas esas huevadas de la autoayuda, que a todo el mundo le sirven menos a mí. A mí no me sirve para nada. Yo no puedo tener citas conmigo misma. Cocinarme, ponerme el mantelito, el vasito…  No puedo. Me aburro. Me fastidio. Seré superficial, sí. Seré dependiente emocional del afuera. Sí. Yo quiero charlar con el otro, el encuentro, reírnos. Todo bien con reírse de uno mismo y toda la mano pero yo necesito compartirlo, tener un testigo en mi vida… porque al fin y al cabo para qué se empareja la gente? Para tener testigos de su vida. Para que el otro lo vea, lo apoye, le diga cosas lindas. Yo no quiero andarme hablando sola como una demente. Quiero que esté el otro para decirme si estoy linda. No quiero sonreír  frente al espejo y que eso “me predisponga a tener un buen día porque los músculos de no sé dónde me activan no sé qué sustancia del cerebro! No quiero. No quiero! Quiero que venga otro ser y me sonría, y yo le sonrío, y así! Mirá,  te digo una cosa. Ahí te das cuenta de cómo nadie sabe ya estar ni consigo mismo ni tampoco en pareja… Por eso, para eso, llegan con toda la fuerza a salvarnos la vida, quienes… los amigos? Los chongos? La familia? No. Las redes sociales. Porque ahí uno va como un idiota mostrando todo lo que hace, come, baila, pasea, viaja, trabaja, y hasta duerme… (Si si hay gente que se filma durmiendo, o al gato durmiendo, o a la abuela durmiendo); y se contenta. Porque tiene testigos. Porque alguien sabe de su vida. Aunque sea todito mentira, y sus vidas reales sean una bosta, al menos tienen gente que mira lo que ellos quieren mostrar, y les ponen corazones. Rojos. Es súper simbólico, y romántico, y…
Llora
Pero no alcanza gordo
(El ante el apodo se da vuelta,  sin comprender mucho)
Ay, no, disculpame, soy una desubicada. Cómo te llamás?
CHOFER: Gastón
ELLA: Bueno Gastón, no alcanza, yo no puedo, me siento muy sola, termino con los pacientes, escucho toooodo aquello que tienen para decir sobre sus vínculos, y no me da por ponerme a hablar conmigo misma, necesito algo, alguien… y no pretendo mucho eh? No no. Con unas idas al cine, unos abrazos, me conformo. Todo lo otro está bien resuelto
Chofer – En qué sentido, qué sería todo lo demás?
Ella – Nada. No, no. No me lleves la conversación para ese lado, te lo pido por favor, estamos grandes, yo no quiero que encima, lo que me faltaba en el día, venga el chofer a ratonearse conmigo porque le cuento mis problemas… Che serías buen psicólogo vos Gastón… no hablás nada, escuchás, pensás en otra cosa, vas atento a otra cosa…
Llora
Yo tendría que cambiar de trabajo. Dedicarme a algo que tenga que ver con las redes sociales. Porque sabés qué Gastón? Yo me paso el día entero en las redes. Cuando me gusta un tipo no es que lo stalkeo, le hago el FBI la CIA y el CSI todo junto. Y así no se puede. Yo  (y esto te lo digo acá en confianza no? Porque éticamente estoy en el fondo del infierno, no se puede enterar nadie…) yo mientras estoy con los pacientes navego en Instagram. Y Facebook. Y twitter. Y WhatsApp. Y todo lo que encuentro Gastón. Entonces yo pienso, que lo más honesto, sería trabajar adentro de las redes.
Sabés en qué sería ideal yo? Manager personal de Instagram. Te lo manejo. Te lo invento. Vos te quedás todo el día así comiendo pizza y dulce de leche en tu cama, y yo mientras, te preparo las historias. Te las fabrico. De cualquier parte del mundo, una semana en cada lado, noche de joda, altas fiestas, mucha onda, todo con hashtags súper modernos, días de verde ultra veganos,  paisajes de playa, paseos culturales…  Congresos, muchos congresos de trabajo… Ah, y si tu familia tiene dudas sobre tu identidad sexual, puedo poner fotos con chicas, no sé, lo que quieras. Te puedo convertir en influencer. Y vos, Gastón, mientras… podés quedarte con las pantuflas y el acolchado, tapado hasta el cuello pensando en tus fracasos… (Llora)

Y? No me vas a decir nada?

CHOFER:  - Eh, no que lo de lo sexual… no, yo… nada de eso. Derechito nomás.

ELLA: Si bueno, era un ejemplo nomás, usá la imaginación por favor…
Vos me contratarías? (Llora)

CHOFER: (La quiere complacer) Si si, claro que si, sin lugar a dudas…
ELLA: Sabés cuánto sale depilarse Gasti? Es caro… muy caro. Y duele… Sabés cuánto rato me lleva a mí elegir lo que me voy a poner cuando salgo con un tipo? Rato… rato… y todo eso para qué…? Para pasarme la noche subida a un medio de transporte público, hablando con un chofer de ómnibus porque el que me citó me dejó plantada? Seguro me vio… me vio desde la ventana y se bajó por la puerta de adelante mientras yo me subía por la de atrás como me lo pidió… porque no le gusté Gastón… y yo acá… llorándole mis penas a un tipo que si quiere puede asesinarme, violarme, lo que sea porque ando a las 4 de la mañana sola metida en un bondi vacío Gastón…

(Llora)

Quién te cita a las 4am? Sólo un demente, o alguien que no quiere que lo vean con vos, o alguien que te está haciendo una broma. Fue eso, me descansó… . Y quién acepta? Solo una desquiciada… cómo me dieron el título de sicóloga a mi Gastón… Cómo… Tinder de mierda, debería tener un servicio de reembolsos… No te digo si la cita es un fracaso, si no te gusta, bueno, eso son las reglas del juego… pero aparecer… por lo menos un hola… el plantón debería tener multa… y más si es en horario nocturno… deberían pagarlo extra, una indemnización por sufrimiento triple, como los feriados pero aplicado a esto… porque no se juega con el tiempo de otra persona, ni con la mente Gastón… con la mente… Con qué se come esta comida Gastón…? Cómo me recupero yo de que me dejen plantada a las cuatro de la mañana en un ómnibus… una semana mínimo torturándome con esto voy a estar Gastón… y yo no puedo invertir tiempo de mi terapia en esto, tengo que hablar de mi tema vocacional, no puedo caer con cada pato que me llevo por semana con las citas fracasadas entendés? Porque es muy caro Gastón, es muy cara la terapia como para gastarla hablando de chongos y menos de chongos que no se aparecen cuando te citan!

(Queda agotada, se desploma en dos asientos)

CHOFER: - Soy yo
ELLA: No te escucho, háblame más fuerte porque me tiré acá, a hacerme una siesta con lo que queda del recorrido, al menos me duermo acá y me voy a imaginar que estoy viajando a algún lugar interesante, en un avión. Poné una música si querés. Medio bajita.
CHOFER:  - Que soy yo! El del tinder.  El chongo.
(Ella empieza a emerger y sentarse con una vergüenza sobrehumana)
ELLA: Disculpame, no, no te entiendo bien.
(Él para el ómnibus)
CHOFER: Eso, que nadie te dejó plantada.
ELLA: Alguien que me mate
CHOFER: Podés bajarte si querés, y te tomás algo acá para tu casa, o te puedo acercar, si querés.
ELLA: No no, pero vos me dejaste decirte todo lo que yo te dije, exponer mi vida íntima y social y mental así a un desconocido, y no dijiste nada?
CHOFER: Es que no sabía cómo hacer, parecía que tenías muchas ganas de contar todo eso a alguien y si yo te interrumpía y te decía la verdad tal vez te inhibías.
ELLA: Pero es que no me hubiese angustiado así, no hubiese tenido la necesidad de largar toda esa perorata porque sabría que al menos no me plantaron. Capaz tendría otro tipo de frustración, pero no esa. No te voy a negar que estoy muy sorprendida.
CHOFER: Decepcionada?
ELLA: Shockeada
CHOFER: Por eso, o… por qué?
ELLA: Por todo.
CHOFER: Bueno, yo ya llegué a destino, si querés me bajo, y listo, no nos vemos más, cada uno por su lado.
(Él agarra sus cosas, se pone un gorrito, y empieza a caminar para irse. Ella no lo mira pero cuando está por salir, de espaldas, ella lo mira y se da cuenta de que es muy lindo. No había reparado en su cara hasta el momento. Le habla)
ELLA: Esperá.
CHOFER: Qué?
ELLA: No sé, no te vayas.
CHOFER: Ok...
(Él se sienta en un asiento)
ELLA: Gracias
CHOFER: Por qué?
ELLA: Mínimamente, por no dejarme plantada. Segundo, por no arrepentirte al verme, y no huir después de escucharme decir toda esa sarta de locuras. Yo me hubiera hecho la boluda, y que la demente crea tranquila que la plantaron y se baje en cualquier parada.
      CHOFER: Yo no.
       ELLA: Y finalmente gracias por escucharme. Quedé más liviana.
CHOFER: De nada. Me gustó escuchar todo eso.
ELLA: Enserio?
CHOFER: Si, de verdad. Nadie me había contado nunca así tanto sobre su vida en tan poco rato y menos arriba de un ómnibus.
ELLA: Ah no? No es usual esto de hacer citas acá? Dale… te las debés traer a todas…
CHOFER: Para nada. Estoy haciendo una suplencia a un primo, van tres días que salgo a trabajar acá.
ELLA: Ah. Mirá… Te queda bien.
CHOFER: Qué cosa
ELLA: Esto, este trabajo
(Se ríen)
CHOFER: Capaz yo también me tengo que replantear la vocación y pasarme para este trabajo. Está resultando divertido al fin y al cabo.
(Se ríen)
Pero entonces deberíamos bajarnos porque si me ven acá así, se me va a acabar la changa enseguida. Vamos?
(Se miran. Caminan hacia la salida)
ELLA: A ver esperá…
(Él frena).
CHOFER: Qué?
ELLA: Nada nada, te van a echar
(Se ríen, se miran)
ELLA: Vamos?
CHOFER: Vamos
(Ella lo besa apenas).
(Salen del ómnibus).

FIN





sábado, 26 de enero de 2019

Tenencia compartida


(Dos personajes, un hombre y una mujer. Rondan los treinta años).

(Suena el Nocturno Op 9 Nro 2 en mi menor de Chopin.
Es de día, los ventanales dan a un espacio verde, montañas a lo lejos.
Ella está frente a la estufa leña apagada. Tiene en la mano y observa un pequeño portarretratos que contiene una foto de ambos.
Él parado a unos metros, la mira a ella que le da la espalda).

EL: No puedo seguir hablando si no me mirás.

ELLA: Para decirme que ya no me amabas no necesitaste que te mirara.

EL: Me lo preguntaste virtualmente. Y no te iba mentir. Parecías querer escucharlo en ese momento. 

ELLA: No creo que nadie que aún ame al otro quiera escuchar algo así nunca. De todos modos me deberías haber citado si era algo tan importante. Diez años no pueden acabarse por computadora.

EL: Veníamos muy mal, no fue que se acabó ahí.

ELLA: Pero eso no lo esperaba. Teníamos problemas, muchos, creí que los estábamos intentando solucionar. Por eso planteé los tiempos para pensar. Pero eso era nuevo. Nunca nos planteamos que se hubiese ido el amor, aunque estuviésemos en crisis.

EL: Fue la manera que encontré, se dio así.

ELLA: Fue lo más duro que escuché en mi vida. Y no lo escuché. Lo leí en un chat. Es demasiado cobarde. E injusto.

EL: Sí. Perdoname.

...

EL: Me gustaría que tuviésemos un hijo. 

ELLA: Sin amor?

EL: Yo te amo, pero de otra manera. Y quiero tener un hijo con vos. Quiero que tenga tus genes.

ELLA: Para qué, si ya no los querés?

(El llora)

EL: Te quiero mucho. Y quiero que estemos unidos para siempre.

ELLA: Es un pensamiento muy egoísta. Cómo sería? Yo seguiría sacrificando mi tiempo por tus deseos, como siempre.

EL: Lo cuidaríamos entre los dos, algunos días cada uno.

ELLA: Es una locura. No puedo. Y no quiero.

EL: Me gustaría haber podido solucionar todo lo que no funcionaba, mientras estábamos juntos. 

ELLA: Es tarde.

EL: Ya sé. Ahora te hiciste fuerte.

ELLA: Sí...

EL: Cambiaste muchas cosas. Por qué no pudimos cuando estábamos juntos?

ELLA: No sé. Ahora lo tuve que hacer. Para sobrevivir.

(El llora)

ELLA: Pero es bueno esto que pasó. Ahora puedo ser tu amiga, porque se me fue el amor a mí también. Al principio era imposible. Pero ahora no. Sos mi familia. Contás conmigo para siempre. Me gusta. Pero no puedo tener un hijo con vos. No quiero seguir cuidando gente. Me tengo que cuidar a mí. Es un momento mío. Al fin. Además no confío... no pudiste ni con tu perra, me tuve que hacer cargo yo.

EL: Es diferente.

ELLA: Era tu responsabilidad. Y no la tomaste. Siempre elegís lo que te conviene a vos. Te parás desde tu ombligo.

EL: Soy un egoísta.

...

EL: Yo sigo haciendo el duelo.

ELLA: Con tus tiempos particulares.

(Se sonríen)

EL: Seguís siendo un búho sabio de ojos enormes e inteligentes, pensante y reflexivo; y yo un pajarito infantil que salta para todos lados sin parar y sin detenerse a focalizar en nada. Me gustaría aprender a meditar.

(Sonríen de nuevo)

ELLA: Hay cosas que nunca cambian.

EL: Extraño todo. Me remueve mucho venir acá.

ELLA: Es parte del proceso. Pasa que lo hacés a destiempo, salteado, en etapas raras.

EL: Todo me pone triste. Cada recuerdo.

ELLA: Imaginate yo... que fui la que me tuve que quedar. Pero lo lloré de corrido. Tres meses sin parar. Creía que me iba a deshidratar, que no se me iba a pasar nunca. Pero no.

EL: Yo lloro sólo cuando te veo o hablo con vos

ELLA: Te hacés la terapia conmigo. Te debería cobrar. Igual ahora ya puedo escucharte. Sin problemas. Me podés contar todo lo que quieras.

EL: Perdoname. Por todo. Por no haber logrado hacerte feliz. 

ELLA: Yo era feliz. A mi manera, con las limitaciones que nos poníamos para salvar la relación. Pero lo elegía. Quería que estuviéramos juntos hasta ser viejitos. Tener nietos, viajar, hacer teatro.Todo quería.

EL: Yo sé. Pero no estaba bien. Y no se puede quedar todo igual cuando algo no está bien. 

...

EL: Me voy.

ELLA: Sí.

(Se abrazan largo rato. El no para de llorar y le dice al oído que la quiere mucho. Sale)




miércoles, 23 de enero de 2019

Nombres internacionales

Mercenario egoísta y de izquierda al mismo tiempo. Me gusta. Hay algo que me seduce de ese vocabulario empresarial, que tangencialmente habla de arte con mucha propiedad y buen gusto. Refinado a tu manera, excelente y cómo, en todo aquéllo. Un humor que pocas veces comprendo. Pasiones inmersas y cruzadas con agendas ocupadas, a puro viaje. Imparable. Muy divertido. Yo enamorada por un rato de todo lo que encuentro en todas partes, puedo ver algo adictivo en vos. Entonces te doy la confianza que a casi nadie, elijo en esta etapa compartirte bastante de mi intimidad, mis secretos, mi tiempo. Aprendo, observo, me replanteo cosas y reafirmo tantas otras. Hasta donde podés vas, y lo tomo. Hasta donde puedo voy, y no exigís nada. Me hacés bien.

Reír todo el tiempo

No quiero reír todo el tiempo. El mundo no está hecho como para eso. Nada funciona bien. Me daría  pudor vivir así, llena de alegría como todos pretenden y celebran. Y claramente además, no sería honesto ni real. No soy así. Me pesa y me afecta todo lo que veo. Aunque yo conmigo y ahora más que nunca esté en paz, y todo lo que tengo al rededor y he recibido, construido, y decidido, me haga sentirme alguien sumamente plena, feliz y por demás afortunada. Pero hay tanto por hacer.Y sin embargo todos anestesiados. Quiero poder estar seria, sentir los dolores, comprenderlos, empatizar con los grises. Nunca había estado cerca del peligro, o al menos no conscientemente. He tenido mucho miedo, en situaciones de impotencia, los aviones, las tormentas, pero sé que son fobias irracionales y que seguramente no es que esté por pasarme nada malo ni grave realmente en esos momentos. Sin embargo nunca había visto un arma de cerca. Nunca me habían apuntado. Y llegó ese día. Estábamos estacionando y se baja ella antes que yo. No me había quedado bien el auto así que sigo adentro del auto, lo vuelvo a prender para alejarlo unos centímetros del garaje el cual estaba tapando con la rueda, y siento que a mi amiga la empujan contra uno de los vidrios y por el retrovisor veo esa primer escopeta de doble caño mientras Sofi sale corriendo y empieza a gritar muy fuerte, sin parar. La persiguen. La tiran a la vereda. Los vidrios tenían gotas porque había llovido mucho así que no logro ver mucho más. Por el lado del acompañante alguien entra hacia mí, cuando abre la puerta veo de cerca el arma. Le digo "llevate todo" mientras sigo escuchando gritos. El hombre agarra las cosas del asiento y sin decirme nada sale. No recuerdo si dejó la puerta abierta o cerró, no me acuerdo de su cara o vestimenta. Yo me quedo quieta, sé que cualquier movimiento puede generar un malentendido o un nerviosismo en mi asaltante, así que dura y sin saber qué hacer, rezo para no sentir ni escuchar disparos. Los gritos son incesantes, agudos, tan fuertes. Ahora el que estaba conmigo va hacia ella y el otro, pero no logro ver qué pasa. No sé qué hacer, si bajarme, si apagar el auto, si acelerar e irme, sigo inmóvil imaginando las peores cosas. No sé si la hirieron o si se la están llevando, o si nos van a matar por haberlos visto tanto rato, o qué. De pronto la veo aparecer caminando hacia el auto, por el lado del acompañante, entra. No sólo está viva, y sola. Sino además con su bolso en mano.  No entiendo nada realmente. Me dice que se fueron en otro auto, que había un tercer cómplice esperándolos a que terminaran el asalto y huir. No comprendo cómo está acá conmigo luego de todo ese escándalo ni cómo logró que no le robaran nada. La hija de puta luchó. Se aferró a sus cosas gritando y pateando y pudo contra dos tipos armados que se terminaron yendo (sólo con mis cosas) porque empezaron a salir los vecinos ante tanto bullicio. Quedamos rato desencajadas. No podíamos hablar ni preguntarnos ni respondernos nada. Sofía llamó al padre para que la viniera a buscar. Yo llamé a denunciar todas mis cosas, y me quedé sola en casa.

Hemos vuelto a nacer. Mucho para pensar y valorar. Mucho para reflexionar sobre este mundo en que a veces pienso que si nada fuera de nadie, y todo de todos, no sería necesario robar. No tengo ganas de reír. Aunque mañana esté contando la anécdota de manera tragicómica y todos a mi al rededor se rían. Es lo que siempre hago. Sin embargo, tengo muchas ganas de estar seria y no ser ningún payaso simpático buena onda por unos días. Y no es sólo por este episodio de tanta violencia. Es porque hay cosas que están muy mal. Y hay que poder transitarlas y asumirlas.

Necesidades, o no.

Me entregué, te necesité y no estabas; eso creí. Sin embargo sólo era verdad la parte en que no estabas. La realidad es que no te necesité, y mi entrega es siempre un invento. Pero me hubiese gustado tanto que aparecieras, y también jugar a que fueras esencial. Tal vez lo hubieses sido, podía darte la oportunidad; sé construir esos castillos. No importa. Lo único que hago en esta etapa y sin parar, es aprender. Puras lecciones. La parte mala es que tienen consecuencias. Entonces repienso todo, vuelvo al centro. Y me desapego. No es un adiós pero sí un freno. Qué lástima.